jueves, 30 de julio de 2009

Carne de pescuezo de pollo

Madonna: Bedtime story


Un mes sin actualizar, ya me vale, llegan las vacaciones, bueno, el verano, y con el calor me pongo perris, me se baja la tensión y me cuesta hacer cosas. También es que no sé que porras hago con el tiempo, donde lo meto y por qué se me escapa entre los dedos de esta forma tan vertiginosa. El otro día leí en El País que los humanos somos tiempo, me dejó helado. Pensad, pensad...

En todo este mes, como os podéis imaginar han pasado muchas cosas. Viajes a Sevilla, viajes a Granada, viajes a Málaga, trabajos varios, momentos buenos y momentos malos, minivacaciones en otro planeta, sonrisas y lágrimas; ejem, ejem. Pero hoy he venido a hablaros de la escapada a Zaragoza del último finde y, en concreto, del concierto de Madonna (aka la viejuna), motivo principal del viajecillo.

Nunca se me olvidará la emoción que sentí hace años al ver por primera vez el concierto del Blond Ambition Tour de Barcelona, retransmitido por TVE y comentado por Constantino Romero. Lo grabé en una cinta de VHS en casa de unos vecinos y lo vi unas mil veces, para continua desesperación de mi pobre madre, que no entendía que veía yo en eso. A mis 16 o 17 años, Madonna era lo más. Moderna, guarra, polémica, rompía con todo y todos los que nos sentíamos distintos veíamos en ella una especie de sueño. Yo era muy fan, como puede comprobarse. Pero los años han ido pasando y ese fervor adolescente se fue desdibujando, ella siempre me ha gustado, ha seguido haciendo temacos alternados con truños descomunales y por el camino se ha ido convirtiendo en mito. Ir a ver a la viejuna es un poco como ir a ver un monumento, da igual lo que vaya a hacer, lo importante es ir y haber estado ahí al menos una vez. Desde aquel concierto de Barcelona, tenía unas ganas locas de estar en uno de sus shows y ver como era la cosa, y quién me iba a decir a mí que iba a ser con 34 añazos, en Zaragoza e invitado por alguien tan maravilloso y especial.

Pero, las cosas como son, me lo pasé en grande, me divertí muchísimo riéndome y comentando la jugada con Rafa, vislumbrando algún destello de lo que vi con 16 añitos, pero poco quedaba ya de la Madonna radiante de los años 90. Soy consciente de que el problema es mío, por pensar que iba a asistir a algo parecido. Y no, nada que ver.

Madonna no canta una mierda. Así, sin más. Tampoco importa, porque a ella no se va a escucharla, se va a verla, como a la Virgen de Fátima. El espectáculo es una máquina de precisión milimétrica en el que no paran de pasar mil cosas al mismo tiempo todo el rato para que no te des cuenta de que la Luisa está mayor y que le cuesta dar botes y cantar al mismo tiempo. Pero vamos, que muchas firmarían por estar como ella a los 50, incluso por estar como ella a los 25, es pura fibra, pura carne de pescuezo de pollo, dura y correosa.
La vimos desde muy cerquita y pude comprobar lo pálida que es, lo chica y la cara de mala que tiene, de mala en plan “hago lo que me sale del coño y no me rechista nadie”. Muchos cambios de escenario, muchos bailes, muchos estilismos, bailarines en plan Fama (pero buenos) dando saltos y haciendo piruetas todo el rato, música discotequera y electrónica, y una absoluta falta de frescura y espontaneidad; nada se escapa al control férreo de la viejuna. Cada tema que perpetra está versionado hasta límites insospechados, haciendo que sean casi irreconocibles la mayoría, pero es un continuo alarde de mira que moderna que soy y como me reinvento todo el rato. Se abusa mucho del bootleg y de la mezcla, hubiera preferido que se hubiesen dejado algunas cositas como estaban.
A mitad del show, le da un arranque entre flamenco, cíngaro y latino y empieza a cantar canciones absurdas de supuesto aire mediterráneo, con una trouppe de gitanos así como rumanos que da un montón de vergüenza. A ratos se para y se coloca con la guitarra haciendo como que toca y como que canta. Hay una parte pseudoreligiosa y pseudoecologista que no tiene ni pies ni cabeza, saca un Rolls Royce, un ring de boxeo, chicas vestida de ella a lo largo de su historia, chinorris raros, cascos en plan Daft Punk, dibujos a lo Keith Haring, pantallas móviles con el Justin Timberlake, vídeos de Britney Spears, un homenaje super falso a Michael Jackson, y todo termina con Give it to me en plan discoteca, con todos los bailarines y bailarinas dándose unos meneos por el escenario y ella tocándose el parrús, que obsesión.

Me encantó que el público fuese en su inmensa mayoría gente de mi edad o más, que todo fuesen chicas y gayers, aunque eché un poco de menos un poco más de fiesta en las esperas (los zaragozanos no son la alegría de la huerta precisamente) y una mejor organización, que fue nefasta; pero eso no es culpa de la viejuna.

Al final se me quedó una sensación agridulce, de deseo cumplido pero con cierto chasco y pensé que, a lo tonto, ya puedo decir que he visto a la monarquía del pop, al Michael hace mil años y a la Madonna ahora, ea, por mí ya puede dejarlo ahora que todavía le queda un poco de dignidad.


Después de despotricar y quedarme a gusto, no podía poner otro clip que no fuese uno de la espantaja de los melones, es asín. He elegido una de las canciones que más me gustan de ella, presente en uno de sus peores discos, que paradójico. Para hacerla, estuvo persiguiendo hasta la saciedad a otra que me encanta pero que anda ahí, ahí en grado de insoportabilidad: la loca del coño de la esquimala, la Björk (cómo mola decir Björk).
Madonna ni canta bien, ni baila bien, ni es especialmente guapa ni alta, ni nada, creo que su éxito está en su profunda demoñez y autodeterminación, en la fuerza de los que saben que no tienen nada excepto unas ganas absolutas de tenerlo todo. Y lo curioso es que sus temas sólo funcionan cuando los canta ella, ha creado un estilo de música mediocre si se quiere pero fascinante y muy personal. Si no, ved esto y comprobad lo mal que lo hace la caballuna de la Rihanna cantando el Vogue, que ilusa!

miércoles, 1 de julio de 2009

Cabalgatas

Io-Echo: addicted


Podemos decir que estamos en la semana del Orgullo gay, ¿no? Por aquello de que la semana pasada fue la celebración oficial en Andazulía y este sábado es la cabalgata en Madrid; cabalgata no es un error del que suscribe, porque a lo que allí acontece no se le puede llamar manifestación, se parece más a una cabalgata del día de reyes que a otra cosa, lo digo por experiencia que hace dos años estuve allí.

En estas fechas siempre surgen la polémica y las desavenencias. La corriente oficial de los gayers, tortillers, bisexualos, transformers y en general no-heterosexuales, parece que vive estas cosas de una manera alegre y entregada, ajenos al verdadero significado que ha ido tomando el tema, esto es, dinerito güeno y negocio puro y duro. Nada que objetar, me parece bien, al fin y al cabo, es el mundo en que vivimos, y por más que te guste acostarte con alguien que tiene lo mismo que tú entre las piernas, no te escapas al transcurrir general de la vida; ni falta que hace.
Luego están las voces disonantes dentro de todo este tinglado. Son aquelles (no quiero dejar a nadie fuera pero me niego a hablar en políticamente correcto) que no se sienten identificados con la forma de celebrar este día, e incluso que dudan que haya algo que celebrar en el más radical de los casos. Evidentemente son muy mal vistos por el otro grupo, que los tacha de homófobos encubiertos, de antiguas, de rancias y de doblegarse a la imagen que los más conservadores tienen de los invertidos.

¿Y yo que pienso? La verdad, a estas alturas, como en la mayoría de los temas, me debato entre no tener ni idea y el aburrimiento más supino. No sé ni para que estoy escribiendo esto; es lo que tiene pensar que tus opiniones le pueden interesar tanto a alguien como para malgastar cinco minutos leyéndote.

Lo que si es cierto es que pensar diferente a la mayoría se castiga, y si esa mayoría es la de la minoría (que lío) pues también lo castiga, incluso con más inquina muchas veces. Está muy bien que haya un día o semana al año en que se hagan fiestas para celebrar que un día de no hace demasiado tiempo todo esto empezó a cambiar, recordar la lucha, festejar los avances y no olvidar que todavía queda mucho por andar, que aún hay mucha gente que lo pasa mal y que en muchos países, se les encarcela e incluso mata. Pero me temo que todo esto se diluye entre el ruido de la fiesta. Y es lógico, nadie quiere acordarse de cosas tristes y serias cuando está bailando, bebiendo y ligando. Pero también está bien pensar que quizá sería posible otro modelo de celebración, algo como lo que se venía haciendo hasta ahora en Barcelona (los catalanes, en muchas cosas, nos llevan mucho terreno por delante, nos guste o no).
Lo que no está nada bien es que desde dentro de un grupo de personas (odio la palabra colectivo, es demasiado Leire Pajín para lo que puedo soportar) que se supone que están juntas porque piensan y siente distinto a la mayoría, se discrimine, ridiculiza, aparte y dé de lado a los que discrepan y reclaman otras cosas.

Y es que todo este rollo viene a demostrar una cosa que muchos no quieren ver. Ser gayer, tatatatatatata, no es nada, no significa absolutamente nada, no te diferencia en realidad de nada ni de nadie. Hay gays que votan al PP y otros que votan a Izquierda Hundida, hay gays que llevan 30 años con la misma persona y hay otros que se tiran a dos distintos todos los días, hay gays pobres que no llegan a fin de mes y hay otros tipo Carmen Lomana, hay gays que no quieren decir que lo son y hay otros que no dejan pasar una ocasión de gritarlo a los cuatro vientos, hay gays negros, chinos, árabes, blancos y verdes, malos, buenos, criminales, santos, guapos, feos, famosos, desconocidos, esto es, somos gente, nada más y nada menos.

Es mentira que todos estemos follando permanentemente con lo primero que se nos pone a tiro, es mentira que seamos más sensibles, es mentira que seamos más tolerantes (las barbaridades más grandes sobre las lesbianas, por ejemplo, las he escuchado de boca de muchos maricas), es mentira que tengamos más dinero, es mentira que lo que todos queríamos era casarnos, es mentira que todos seamos de izquierdas y es mentira que todos pensemos igual. En la variedad, como siempre, está el gusto.
Si quieres salir a la calle vestido de monja con una bandera gay, estupendo, si quieres montarte en una carroza con un montón de tíos medio desnudos, estupendo, si quieres no salir de tu casa ese día y si no te gusta cómo lo celebra la mayoría también estupendo. Nadie está equivocado y todos tenemos razón ¿por qué siempre hay que quedarse con una sola cosa? ¿por qué nos gusta tanto el pensamiento único? Va a ser que los gays, lesbianas, bisexuales, transexuales y demás, somos igual de absurdos que todos los demás.



Si leéis esto habitualmente y alguna vez os ha dado por pinchar en alguno de los enlaces que podéis ver a la izquierda, quizá seáis fans, como yo, de The Face Hunter, un blog en el que básicamente podéis encontrar fotos de gente que mola y que hace un tal Yvan Rodrick por las calles de medio mundo. A mi me encanta la gente, las fotos y las pintas que saca, y me gustan mucho también una serie de mini reportajes que hace de cuando en cuando y que publica en thefacehuntershow. El último es en París, en la semana de la moda, y entre las canciones de la banda sonora, suena este Addicted de io-Echo, el grupete de hoy.
Son de California, de Los Ángeles en concreto, y tienen una imagen y un sonido a medio camino entre Siouxi, the Cure y Blondie, es decir, modernos a más no poder. A mi el tema siniestro, perdón, gótico, no me tira mucho, pero hay que decir que esta canción es muy chula. Si alguien consigue encontrarla para bajársela, que me la pase, que yo no doy con ella.