lunes, 29 de junio de 2009

Iconos



Simian Mobile Disco: audacity of huge


Había escrito otra entrada que iba a terminar ahora, pero los últimos acontecimientos, o mejor dicho, muertes, me obligan a replantear el tema.

La epidemia empezó con Farrah Fawcett Majors, Ángel de Charlie por excelencia, icono gay, icono de los setenta y ochenta e icono de estilo en general en su momento, dueña del póster más vendido del mundo, la mujer con más edad que ha posado para Play Boy, en fin, sin duda, una de las imágenes más pop y más representativas de una parte del siglo pasado, la de nuestra formación sentimental en la “otra” cultura. A mí me caía genial, la veía muy loca del coño y muy tremenda, con esa historia de amor tan desgarradora que mantuvo a lo largo de los años con el buenorro de Ryan O’Neal. Que descanse en paz, ya es leyenda.

Después, como alguien me informó en los comentarios de la anterior entrada, le tocó el turno a Daniel El-Kum, extraño personaje que había sido jurado de la segunda edición de ese bizarro y genial programa que era Supermodelo, además, creo, que estilista de Ana Obregón ¿?. Se conoce que se tiró por el balcón, porque su casa estaba ardiendo por un fuego que él mismo había provocado. Se arrojó abrazado a su perrito, que me imagino que mientras caía al vacío se estaría preguntando por qué porras tenía que morir él también. Que forma de acabar más extraña y que personaje más raruzo, probablemente fuese una persona profundamente infeliz. Sólo tenía 35 años.

Y luego, claro, Michael Jackson. Con él muere una parte de la infancia y de la juventud de todos nosotros, como bien dice Álex, nos hacemos mayores y estas muertes nos lo gritan; el mundo en el que crecimos va desapareciendo poco a poco.
A mi Michael ni fu ni fa, sus temacos son eso, temacos para la historia del pop, mucha revolución musical y mucho disco vendido. A mí siempre me pareció un tipo extraño que cantaba con voz de niña, que pegaba grititos sin parar y que bailaba raro, desprendía mucho mal rollo y mucha tristeza, era evidente que era una persona rota a la que habían destrozado desde pequeñito y que sólo podía terminar así, de una manera triste, solitaria y extraña, consumido, enfermo y loco perdido; supongo que es así como se crean las leyendas.
Yo lo vi en directo en Oviedo, con Natalia, allá por el año 90 más o menos, recuerdo que me divertí mucho y que me pareció una locura todo lo que se montaba a su alrededor. Viendo las imágenes de la gente llorando por él me he vuelto a preguntar que es lo que mueve a todas esas personas a sentir tanta pena por alguien que ni siquiera conocían, se me hace difícil entender tanta empatía. Bueno, quizá lloran por los momentos de felicidad que sus canciones les dieron, que ya se han ido y nunca volverán.


Y luego, aunque no se ha comentado demasiado porque supongo que a nadie le importa mucho, también se ha muerto Vicente Ferrer, que no vendió millones de discos ni salió en ningún póster, pero que luchó para que el mundo fuese distinto y en cierta forma, lo consiguió. Era una persona extraordinaria en el más literal sentido de la palabra, pero ni era freak, ni triste, ni trágico.

En fin, que alguien se vaya siempre es tremendo, tiene algo de casi mágico, me temo que nunca lo terminaremos de pillar del todo.

Supongo que el vídeo de hoy no es el más apropiado para lo que he contado, pero es el que tenía preparado y así se va a quedar, ea.
Simian Mobile Disco son los autores de una cancionzaca maravillosa titulada Hustler (puta, estafadora), de esas que suenan y no puedes impedir moverte, aunque sea la piernecilla. Su anterior disco estaba lleno de electrónica ultra bailable, con un punto que la distinguía de otras muchas propuestas aparentemente similares. Dentro de poco sacan otro álbum en el que está incluida esta “Audacity of huge”, con un clip estupendo, como ya lo fueron las dos versiones de Hustler, a cuál más tremenda. Me pregunto si alguna vez conseguiré escuchar este tipo de música en algún bar de Granada.

lunes, 22 de junio de 2009

Éxodo


Passion Pit: sleepyhead

Hace poco hice una entrada sobre el anuncio de H&M y la colección de Mathew Williamson, os acordaréis, supongo. Se me olvidó contar que fui a Sevilla y busqué la ropa del diseñador y, Madre del Amor Hermoso, que horreur, eso no era ropa, era ropichi, no se salvaba nada de nada. Bueno, una camisa que se provó Rafa, rollo hawaiano, pero por probarse algo, vamos. Esto, no hace más que reafirmarme en mi postura, el anuncio era estupendo, engañaba a la perfección.


Hace dos fines de semana también estuve en Sevilla, ahí, a la fresca. A mi el calor me importa un nardo, me gusta más el frío, pero me da igual, el secreto es ir de tienda en tienda, de cafetería en cafetería y de restaurante en restaurante, de museo en museo y tiro porque me toca; es decir, existir solamente en espacios con aire acondicionado. Cuando cae la noche se arroja uno a la calle, como si de un vampiro de los que están tan de moda se tratase y santas pascuas. Además, admitidlo todos y todas, con el calor se pone uno calentorrillo, la gente anda por las calles como perretes buscando tema, el sexo es más húmedo y más guarro (que es cómo debe de ser) y las líbidos se disparan. El calor es porno, el frío es romántico, a cada cosa lo suyo.


Ahora que, por razones que ya todos conocéis, voy más a esta ciudad, he tenido tiempo y una nueva oportunidad de redescubrirla. Verla a través de los ojos de alguien que la conoce muy bien me ha permitido reafirmarme en la impresión de la experiencia estética que es Sevilla en sí misma, porque es fuerte, fuerte, además de alucinar un montón con lo extrañísima que puede llegar a ser. Más que una ciudad, Sevilla es otro planeta.

Y este finde pasado tocaba Granada; como podéis ver, Andalucía no tiene secretos para mí, no paro de recorrerla, de arriba para abajo todo el santo día. A ver, una cosita tengo que decir, en Granada a estas alturas del año, sólo es humano estar entre las 10 de la noche y las 10 de la mañana, el resto del tiempo lo único sensato es huir, la gente debería abandonar Granada en verano en plan éxodo de película de catástrofes; en estos dos días ha habido veces que pensaba que me moría, los pájaros caían de los árboles fulminados (y no es una coña). No lo pude aguantar más y el domingo me vine por la mañana a Almería, donde corría una brisita marina que hizo que volviera a pensar que el mundo es bello.


A parte de experimentar el calor justiciero, que hace que si sales a la calle a una hora imprudente te de la impresión de estar dentro de una secadora gigante que te está chupando la vida, también estuve con Elena, que me regaló las preciosas zapatillas de las que os hablé en la última entrada. Vistas en directo ganan muchísimo, son geniales, tanto que, estando en el Botánico tomando un café, con las susodichas encima de la mesa, los modernos se nos acercaban a interesarse y preguntar de donde había sacado esa maravilla. Repartimos servilletas a troche y moche con la dirección de la web de Elena, yo os la recuerdo aquí pa que le encarguéis cosas, hay que apoyar el talento y las buenas ideas.


También estuve en el Kinépolis, habitat natural de canis con aspecto de aeropuerto, para ver Los Mundos de Coraline en 3d con mi novia fake, Oihana (Nos vamos a alquilar un piso en el centro de Granada para hacer fiestas y tenerlo en plan rincón de relax, rollo desahogo). La peli en cuestión nos costó 8,20 leuros, y la verdad es que no pienso volverlos a pagar never more. Las gafas me las tuve que poner encima de las mías y, con esta naricilla que Dios me ha dado, se me caía el equipo todo el rato. Además me lloraban los ojos y los efectos en tres dimensiones no los veía del todo bien, borrosillos, un poco fiasco. Coraline está bien, sin más. No voy a decir que es muy siniestra y esas cosas que ya lo dice todo el mundo. Yo en las pelis de stop motion no paro de pensar en la trabajera que tiene que ser hacerlas, ahora mueve un dedito, ahora un pelito, que pereza.

Y mañana empiezo la jornada contínua, de 8 a 3, en el horario que debería de tener todo el año si esto fuera un país medianamente lógico y moderno, y no lo que tenemos, en lo que lo único que cuenta es echar horas como un idiota para que tu jefe te vea delante del ordenador y se quede tranquilo; que trabajes ya importa menos. Pienso ir a la playa todas las tardes que pueda, a la del Zapillo mientras no tenga el coche, que las playas urbanas y los paseos marítimos tienen un encanto especial y raro, como de verano de toda la vida, nos gusta.

Passion Pit me tienen absolutamente enganchado. Es uno de los grupos que me ha descubierto Last Fm, gran herramienta para los que ansiamos continuamente nuevos objetos de colección musical. Son de Massachusetts, practican una electrónica mezclada y fusionada, llena de ruidos y de voces que me pirra y acaban de sacar un disco estupendo titulado Manners. Esta canción además, tiene esa gran baza del falsete, que es algo que siempre gusta. Un nuevo descubrimiento para mi colección de favoritos.

lunes, 8 de junio de 2009

Putas y enanos









The Juan Maclean: one day


Antes de ponerme a desvariar sobre cualquier cosa, que ya sabéis que se me da muy bien, quiero dar las gracias públicamente a mi amiga Elena (seguidora de este blog, aunque no comente casi nunca) , por regalarme algo que me ha gustado muchísimo. Para los que no lo sepáis, Elena fue compañera de la Escuela de Arquitectura, de lo poquito bueno que saqué de ese antro, y fue allí donde nos conocimos y nos hicimos amigos. Ahora, tras un año estudiando diseño en Madrid, se ha sacado de la manga un proyecto precioso que une dos de las cosas que más le gustan: la pintura y la moda, bueno, y el diseño también. Se trata de una colección de complementos que podéis ver en estas dos páginas: el baul de la tía remedios y ego. No os las perdáis que os van a encantar tanto como a mí. En la segunda, ego, Elena me ha utilizado como modelo para sus primeras zapatillas de chico, y me ha hecho una ilusión enorme. Además de que los zapatos son una pasada, salgo ahí, tan bonico; ella ha entendido mi verdadera aspiración en la vida: ser icono de estilo. Gracias Elena, por las preciosas zapatillas y por haberme escogido como el primer modelo masculino de esta nueva aventura. Ya estáis todos y todas encargándole cosas, ¡¡vamos!!


Y cómo ya sabéis que aunque cortas, estas chorradas las voy escribiendo a poquitos, ahora tocaba una parrafada sobre las elecciones, pero lo he borrado todo, porque este temita me produce un aburrimiento mortal. Hace un par de días dejé un comentario en el blog de Ángel diciendo que cada vez más voy a votar por la misma razón que otros van a comulgar, por pura fe.

La cosa esta fatal, fatal. Políticos que dan pena y que está claro que les importa un comino todo, dedicándose a pelearse por estupideces tipo los escoltas del siniestro o los helicópteros del otro, un continente entero sumido en la más absoluta de las abulias y la indiferencia, ¿qué nos ha pasado a los europeos? hemos pasado de inventar el cotarro tal y como hoy lo conocemos a pasar de todo a lo bruto, presidentes pederastas que viajan en aviones privados cargados de putas y enanos, sí, hablo de Berlusconi; en definitiva, no puedo evitar la sensación de que esto se va a tomar por saco de buenas a primeras. Pues nos lo tendremos merecido, por absurdos y pasivos. Ea.

The Juan Maclean es otro de esos grupetes con chinorri a la cabeza de los que hablaba en la entrada anterior. Ya sabéis, una orientaloide siempre hace que una banda mole, y si esa banda es de Nueva York, pues ya el colmo. Acaban de sacar "The Future Will Come", un discazo lleno de temas electrónicos muy bailables y muy escuchables a la limón. Canciones de más de seis minutos que se basan en la evolución y la superposición progresiva de capas de sonido y ritmos que poco a poco van enganchando de lo lindo; aunque esto en este clip no lo vais a apreciar, porque pa mí que arreglan los temas para que no se hagan pesaditos. Y ya está, a bailar, que es viernes, porras!!!!

jueves, 4 de junio de 2009

Un pepino de Bala Negra



The Pains of Being Pure at Heart: young adult friction


Cada vez que tardo tanto en actualizar siempre pienso lo mismo: tampoco lleva mucho tiempo una entradita, ¿por qué no lo habré hecho antes? Pues porque tengo el tema muy mal planteado, trabajo demasiado y lo peor es que no se nota en mis ingresos, sigo siendo igual de clase media; me temo que esto de alcanzar la riqueza por medio del trabajo duro es otra de las muchas trolas que nos encajaron a la generación a la que pertenezco.

Y lo cierto es que, después de tantos días, no se me ocurre sobre que escribir. Había barajado varias posibilidades: la misteriosa desaparición del avión francés, que todo apunta a que están en la isla de Lost, o, como bien dijo Álex el sábado bajo la influencia de un mojito, se los han llevado los Ovnis; el vergonzoso y repugnante escándalo de los colegios irlandeses, que demuestra una vez más que la iglesia católica es vil, cruel y detesta la felicidad del ser humano; las patéticas elecciones europeas, con esos políticos que cada vez dan más grima y más vergüenza ajena, con la actuación estelar de la indescriptible Leire Pajín pronosticando una nueva era en el momento en que Zapatero Y Obama coincidan presidiendo La Unión Europea y EE.UU respectivamente; la visita de Carla Bruni y su muñequito a España, con esas competiciones entre la susodicha y nuestra Leticia, improvida modelo de zapatos, o mi tema favorito, el bautizo civil del hijo de Cayetana Guillén Cuervo, así como lo leéis.

Bueno, en realidad se llama acogimiento civil, o algo por el estilo, pero la prensa lo ha llamado así porque ya sabemos que lo mejor que se nos da en este país es hacer coñas. Yo a esta gente de verdad que no la entiendo, si no son católicos ni les gusta nada de eso, ¿por qué copian en versión cutre y pseudo moderna sus ritos? Vamos, al final, como todo dios, una excusa para montar un sarao y ponerse todos monas. Encima oficiado por el pesado del Pedro Zerolo y de madrina la involutiva de la Amaia Montero, pobre crio, que principios más chungos. Lo cierto es que nadie se escapa del peso de la tradición y de los ritos, podemos disfrazarlos y decir que no nos importan, pero con cosas como esta queda demostrado que todos cojeamos de la misma pata, y no pasa nada, tampoco hay porque renegar de todo, que si lo haces mucho corres el peligro de caer en absurdeces como esta.

El caso es que, en el fondo, a mí todo esto me importa un pepino de Bala Negra (recordad, el pueblo de la niña de Camino) porque últimamente sólo me importa una cosa. Estoy muy feliz y todos los recursos intelectuales que no utilizo en trabajar y demás quehaceres cotidianos, se van volando a Sevilla todas las noches; casi no me quedan neuronas disponibles para ponerme a escribir.

Hoy domingo (que no os engañe la fecha, voy escribiendo esto a pellizcos) estoy en Málaga en casa de mis padres, dejando que me cuiden, comiendo bien, descansando y no haciendo nada, que es un auténtico placer que tengo muy olvidado y muy descuidado. Hay que apostar más por el ocio improductivo, tanto hacer, tanto hacer, que coñazo, con lo bonito que es dejar que pase el tiempo sin más expectativas ni objetivos.

Hay veces que todo se confabula para que se produzca una noche perfecta. Hace unos días se alinearon los astros para que yo viviera una. Fué en Sevilla, en el Obbio, y entre otras canciones que me gustan muy mucho, sonó esta maravilla del grupo de Brooklyn con ese nombre tan precioso.

No se realmente porqué, pero las bandas con componente chinorri me molan. Estos mismos, Blonde Redhead o The Juan Maclean, supongo que es un dato más para ser tan enrollados como son Los Dolores de Ser Puro de Corazón, con ese aspecto de estudiantes universitarios, ese look tan descuidadamente estudiado (quiero unas gafas como las del guitarrista!!!) y ese aire de que se lo están pasando super bien mientras tocan y hacen los clips. Además, tienen ese sonido que recuerda a mil cosas, reflejo perfecto de una generación que ha escuchado de todo, sin prejuicios y dejándose influenciar con gusto, dedicándose a hacer la música que les gusta escuchar sin pretensiones de innovar o de ser originales.

Esta canción siempre me va a recordar a esa noche perfecta y a quien tenía enfrente bailándola conmigo, emocionándose igual que yo, con esa especie de felicidad instantánea que produce escuchar un tema que te encanta en un bar. Tienes que llevarme más, plis.